Detrás de esta joven viña, nacida en 2020, está Fernando Bustos Latorre, quien ha desarrollado el proyecto desde sus inicios y hoy apuesta por una nueva etapa en un escenario especialmente desafiante para el vino.
El mundo está bebiendo menos vino. La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) confirmó que el consumo mundial volvió a disminuir durante 2025, prolongando una tendencia marcada por cambios económicos, sociales y nuevas preferencias de los consumidores.
Chile tampoco está ajeno. Una encuesta desarrollada por UC Davis Chile, UC Davis y Arizona State University reveló que un 77% de los actores consultados ha experimentado una caída sostenida en la demanda durante los últimos cinco años.
En medio de ese escenario, Fernando decidió no frenar.
Desde 2020 desarrolla Viña Santa Sofía, un proyecto de pequeña producción que comenzó trabajando con vinos provenientes del Maule y que hoy amplía su mirada hacia nuevos territorios, como el Valle de Aconcagua, junto con la incorporación de nuevas cepas.
“Es evidente que la industria está cambiando y sería un error ignorarlo. Pero que se esté bebiendo menos vino no significa que haya dejado de existir interés por él. Estamos frente a un consumidor distinto, que abre menos botellas y que puede ser mucho más exigente con la botella que decide abrir”, sostiene Fernando.
Una apuesta distinta al volumen
Santa Sofía nació deliberadamente a pequeña escala y actualmente mantiene una producción cercana a las 5.000 botellas anuales.
El proyecto comenzó con la cepa País, proveniente de antiguos viñedos de Cauquenes. Con el tiempo, el portafolio incorporó Merlot, Rosé y espumante, y actualmente la viña se prepara para lanzar una nueva variedad.
“Una viña pequeña difícilmente va a ganar una batalla de volumen y tampoco creo que deba intentarlo. Podemos producir partidas pequeñas, probar cosas distintas y construir una relación mucho más directa con quien finalmente abre nuestra botella”, explica.
Primero conquistar la mirada, después el paladar
En una industria dominada por grandes viñas y marcas consolidadas, Santa Sofía asume su lugar como un proyecto pequeño que necesita destacar de una manera diferente.
“Sabemos que somos pequeños frente a una industria enorme y muy competitiva. Por eso buscamos que una botella de Santa Sofía primero encante a la vista y despierte curiosidad, pero lo realmente importante viene después: que el vino enamore en el paladar. Una botella puede conseguir que nos elijan por primera vez; el vino tiene que conseguir que nos vuelvan a elegir”, explica Fernando.
Y aunque el escenario actual presenta desafíos, la mirada está puesta más adelante.
“No construyo Santa Sofía pensando solo en hoy. Pienso en dónde quiero que esté la viña en cinco o diez años más, y cada decisión que tomamos busca acercarnos a ese lugar”, concluye.
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