El garzón llevaba un paño rojo doblado sobre el antebrazo. Avanzaba entre gente de terno con una bandeja de madera y dos copas servidas, sin derramar una gota, en el pabellón de la feria del vino de Yinchuan. Nadie le había exigido el paño: un robot no necesita secar una botella. Se lo pusieron porque así se ve un garzón.

Viajar a Ningxia obliga a cambiar la pregunta. Ya no se trata solamente de cuánto vino puede vender Chile en China, sino de cómo deberá competir con China dentro de su propio mercado.

Al pie de los montes Helan, en un paisaje seco y luminoso que hasta hace pocas décadas parecía improbable para producir grandes vinos, surgió una industria que hoy reúne cerca de 40.000 hectáreas —unos 606.000 mu, casi el 40% de la superficie de viñedos de bodega de toda China—, 261 bodegas y una producción anual cercana a 140 millones de botellas.

La señal llegó en 2011

Ese año, el Jia Bei Lan 2009, elaborado por Helan Qingxue en Ningxia, obtuvo el máximo trofeo de su categoría en los Decanter World Wine Awards. Fue evaluado a ciegas y se impuso ante finalistas de Saint-Émilion, California, Australia, Sudáfrica y Argentina.

En su momento se leyó como una rareza. Catorce años después quedó claro que no lo era.

Dos “Best in Show” y una sorpresa para Chile

En la edición 2025 de los mismos premios, dos vinos chinos —uno de Ningxia y otro de Shandong— alcanzaron la distinción de Best in Show. Es la primera vez que vinos chinos llegan a esa categoría desde que fue creada, en 2016.

El de Ningxia es el Geruihong Yeguangbei 2022, de la bodega Dongfang Yuxing, de la subzona de Hongsipu. Los jueces lo describieron como “una revelación”. A eso se sumó el Family Reserve Cabernet Sauvignon 2022 de Li’s Estate, también de Helan, con medalla de Platino y 97 puntos.

Conviene ser preciso, porque la tentación de exagerar es grande: los vinos de Ningxia no les ganan habitualmente a los mejores vinos franceses. Lo que sí demostraron es que pueden competir de igual a igual en catas a ciegas y obtener los máximos reconocimientos de los concursos internacionales más exigentes.

Pero hay un detalle en ese vino histórico que en Chile debería llamar la atención más que ningún otro. El Geruihong Yeguangbei 2022 es un ensamblaje de 85% Cabernet Sauvignon, 9% Dornfelder y 6% Cabernet Gernischt.

Cabernet Gernischt es Carmenère.

El Carmenère que llegó a China en 1892

La historia es casi un espejo de la nuestra.

En 1892, la Changyu Pioneer Wine Company importó a Yantai, en la provincia de Shandong, un cargamento de vides europeas. Era el momento más duro de la filoxera, la plaga que arrasó los viñedos de Europa y que dispersó por el mundo lotes mezclados de plantas, muchas veces sin registro confiable de qué contenían.

Entre esas vides venía una cepa bordelesa que en Francia estaba desapareciendo. Los chinos la llamaron Cabernet Gernischt, nombre que proviene de una transcripción defectuosa del alemán Cabernet gemischt: “Cabernet mezclado”. Changyu la rebautizó después como Cabernet Shelongzhu, “Cabernet perla de serpiente”, más fácil de pronunciar en mandarín.

Durante más de un siglo nadie supo exactamente qué era. Hasta que el análisis de ADN del genetista José Vouillamoz confirmó lo que hoy se acepta: el Cabernet Gernischt es Carmenère.

La misma cepa perdida de Burdeos viajó en la misma diáspora de la filoxera a dos extremos del planeta. En Chile pasó un siglo confundida con Merlot, hasta 1994. En China pasó un siglo llamándose “Cabernet mezclado”, hasta que la genética la delató. Dos países que no sabían que tenían el mismo tesoro, y que lo descubrieron casi al mismo tiempo.

Corresponde señalar una salvedad: algunos estudios han encontrado que parte de las plantas registradas en China como Cabernet Gernischt son en realidad Cabernet Franc. La identificación no es uniforme en todo el país.

Marselan, la cepa que Francia no quiso

Si el Carmenère es la historia que compartimos, el Marselan es la que China está escribiendo ahora.

Fue creada en Francia en 1961 por el ampelógrafo Paul Truel, del INRA, cruzando Cabernet Sauvignon con Garnacha. Lleva el nombre de Marseillan, la localidad del Hérault donde el instituto mantiene su colección de vides. Estaba pensada para el Languedoc, por su resistencia al calor y a las enfermedades.

En Francia nunca llegó a ser emblemática. Quedó como variedad secundaria, mayormente en vinos de indicación geográfica.

En China se convirtió en la bandera. Las estimaciones de superficie varían bastante según la fuente —entre 1.400 y 4.000 hectáreas—, pero el rumbo es inequívoco: es la tinta que la industria china eligió para construir identidad propia, y la Asociación del Vino de Yinchuan, con respaldo del gobierno regional, sostiene tres concursos anuales de Marselan en conjunto con el Concours Mondial de Bruxelles.

Una cepa francesa que en Francia no es nadie y que en el otro extremo del mundo se transformó en símbolo nacional. A un chileno la trama debería sonarle conocida.

Por qué esto importa para Chile

Las exportaciones chilenas de vino hacia China cayeron desde 123 millones de litros en 2021 hasta cerca de 50 millones en 2025. Entre enero y julio de 2026 volvieron a retroceder un 47,3% en volumen, según cifras de Odepa.

No todo se explica por Ningxia. El consumo chino se contrajo con fuerza y Australia recuperó el liderazgo después de que China eliminara sus aranceles en 2024. Chile se mantuvo como segundo proveedor por volumen, pero sus envíos cayeron un 43,7% durante 2025, según la Organización Internacional de la Viña y el Vino.

Al mismo tiempo, las exportaciones de la propia zona de Helan Mountain East crecieron 234,7% en volumen y 136,1% en valor a comienzos de 2026. Ningxia ya no solo produce para su mercado interno.

Chile enfrenta entonces tres desafíos simultáneos en China: un mercado considerablemente más pequeño, el regreso de Australia y la aparición de una industria local premium con identidad propia y ambición exportadora.

En octubre, las reglas se escriben en Yinchuan

Hay un cuarto elemento, y es el que menos se ha discutido en Chile.

Del 12 al 16 de octubre de 2026, Yinchuan será sede del 47º Congreso Mundial de la Viña y el Vino. Es la primera vez que la Organización Internacional de la Viña y el Vino sesiona en territorio chino, por invitación del Gobierno de China, y ocurre después de que el país ingresara al organismo. Durante décadas, el mayor mercado emergente de vino del planeta estuvo fuera de la entidad que fija las normas técnicas del sector.

El encuentro incluye la 24ª Asamblea General de la OIV, la instancia donde los Estados miembros —Chile entre ellos— aprueban las resoluciones que luego se traducen en normativa nacional. El programa científico reúne 271 presentaciones orales y 149 pósters provenientes de 35 países.

Es decir: la misma región que hace quince años no figuraba en ningún mapa del vino no solo produce, gana concursos y exporta. Ahora también recibe a la sala donde se decide con qué reglas juega el resto del mundo. Y Chile va a estar sentado ahí, votando.

Del valle más nuevo al más antiguo

La 32ª edición del Concours Mondial de Bruxelles se realizó en Yinchuan entre el 9 y el 12 de junio de 2025. Reunió a 375 catadores de 56 países para evaluar 7.165 vinos de 49 países y regiones. Fue la segunda vez que el certamen se celebró en China.

Compartí mesa con jurados de China, Grecia, Portugal y España. 

Fue la segunda vez que el certamen se celebró en China. Compartí mesa con jurados de China, Grecia, Portugal y España.

En esa misma sala, el Ministerio de Economía de Armenia presentó la sede siguiente. La 33ª edición se realizó en Ereván entre el 21 y el 23 de mayo de 2026, la primera vez en ese país. Armenia fue elegida, entre otras razones, porque en la cueva de Areni-1, en la región de Vayots Dzor, se encontró la bodega más antigua conocida del mundo: más de 6.100 años.

En doce meses, el concurso viajó del país vitivinícola más nuevo del planeta —uno que se promociona con robots sirviendo copas— al más antiguo de todos.

Chile está en algún lugar de esa línea, con quinientos años de historia y una cepa recuperada que aún busca terminar de explicarse. En octubre, cuando la delegación chilena entre a la sala del congreso en Yinchuan, va a encontrarse con esa misma cepa esperándola del otro lado, con otro nombre y en un vino chino premiado.

Vale la pena mirar el mapa completo antes de decidir dónde queremos estar parados.

English summary

Luis Jorge Campos Gajardo, director of Revista Gentes, reports from Ningxia, China, where he served as a juror at the 32nd Concours Mondial de Bruxelles in Yinchuan. The region’s Helan Mountain East Foothills now hold some 40,000 hectares of vineyards and 261 wineries, and Chinese wines won Best in Show at the 2025 Decanter World Wine Awards for the first time. One of those wines contains Cabernet Gernischt — genetically confirmed as Carmenère, the same lost Bordeaux variety that Chile spent a century calling Merlot.