Estamos en una semana muy importante para Chile, una fecha en que se rinde tributo a nuestra gastronomía y a todo lo que ella representa como expresión de identidad, memoria y tradición. Por un momento, se dejan de lado preparaciones de otros países para volver la mirada hacia nuestra cocina chilena, esa que ha sido construida a través del tiempo con productos, saberes, costumbres y recetas que forman parte de nuestro patrimonio.
En ese marco, adquiere especial relevancia la actividad impulsada por la especialidad de Gastronomía del Tecnológico Nuevo Horizonte, donde la coordinadora Jessica San Martín, junto a su colega Valentina Bustamante y sus estudiantes, han querido rendir homenaje a la cocina chilena, manteniendo viva una herencia culinaria que pertenece a todos. Más que una muestra gastronómica, esta jornada se transforma en una expresión concreta de valoración por nuestras raíces, nuestra mesa y nuestra historia.
La cocina chilena es mucho más que una suma de platos tradicionales. Es el reflejo de una geografía diversa, de una cultura alimentaria forjada entre el mar, el campo y la cordillera, y de generaciones que han sabido transmitir sabores, técnicas y costumbres que hoy siguen dando forma a nuestra identidad. En cada preparación habita una memoria colectiva, una manera de comprender el territorio y también un lenguaje común que une a las familias y a las comunidades.
Por eso, resulta tan significativo que desde el ámbito educativo surjan iniciativas como esta, en las que docentes y estudiantes se comprometen con la tarea de rescatar, valorar y proyectar la gastronomía nacional. En tiempos donde muchas veces predominan tendencias globales o propuestas foráneas, detenerse a reconocer el valor de lo propio es también un acto de conciencia cultural.
El trabajo desarrollado por la coordinadora Jessica San Martín, su colega Valentina Bustamante y los alumnos de la especialidad de Gastronomía merece ser destacado justamente por eso: porque pone en evidencia que la cocina chilena sigue viva, que tiene nuevas generaciones dispuestas a aprenderla, honrarla y compartirla, y que su enseñanza no solo forma técnicamente, sino que también fortalece el sentido de pertenencia y el respeto por nuestras tradiciones.
Rescatar la cocina chilena es rescatar una parte esencial del alma del país. Es volver a mirar con orgullo nuestras recetas, nuestros ingredientes y nuestras formas de reunirnos en torno a la mesa. Y cuando ese ejercicio nace desde un establecimiento educacional, adquiere un valor aún más profundo, porque se transforma en una señal esperanzadora de continuidad.
Actividades como esta demuestran que el patrimonio no solo se conserva en los libros o en los relatos del pasado, sino también en las aulas, en las cocinas y en el entusiasmo de quienes comprenden que mantener viva la gastronomía chilena es también una forma de cuidar nuestra identidad.