La idea nació de una conversación entre productores, periodistas y enólogos que coincidían en algo: el Carignan de las parras viejas del secano del Maule merecía más reconocimiento. Eduardo Brethauer y Andrés Sánchez impulsaron la iniciativa, pero el proyecto creció gracias a la participación de muchos viticultores y viñas que aportaron su experiencia, sus viñedos y sus propios criterios de producción.
El desafío fue enorme. Cada productor tenía técnicas y filosofías distintas, y había que construir una identidad común alrededor del Carignan, equilibrando la tradición de las viñas antiguas con métodos modernos. Se definieron criterios de calidad que todos debían cumplir, se organizaron talleres y seminarios para compartir conocimientos, y se abrieron jornadas de cata y actividades públicas para acercar el Carignan a la gente. Con el tiempo, la marca trabajó para obtener la certificación de denominación de origen, una garantía de autenticidad para el vino de la región.
A fines de 2011, esas viñas se presentaron juntas ante la prensa en la bodega de Viña De Martino, en Isla de Maipo, con las primeras cosechas de la marca. Revista Gentes estuvo allí como medio y acompañó los primeros pasos de los Vignadores de Carignan, un nombre que juega con la palabra “viñadores” y que nombraba un oficio más que una empresa.
Quince años después, el impacto de VIGNO va más allá de las botellas. La marca ayudó a revalorizar el Carignan y el Valle del Maule, y se convirtió en un referente para la exportación de vinos chilenos de origen. También puso el foco en el valor de los terruños donde se cultivan estas parras, muchas de ellas centenarias, y en las familias que las han cuidado.
Hoy, 29 de octubre, VIGNO celebra quince años en Viña Gillmore, en San Javier, con el Seminario Internacional del Carignan 2026. Es una ocasión para mirar lo aprendido y conversar sobre el futuro de un proyecto que seguimos con especial afecto desde sus comienzos.
Desde Revista Gentes saludamos a todos los que hicieron posible VIGNO: a sus impulsores, a las viñas que la integran y, sobre todo, a los viticultores que cada año cuidan estas parras y hacen posible cada cosecha. ¡Feliz aniversario, y larga vida a VIGNO!
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