La industria del vino enfrenta un momento de inflexión. Informes globales coinciden: el consumo de vinos tintos y Premium disminuye, mientras los blancos y espumantes -como Champagne, Cava y Prosecco- ganan terreno, especialmente entre jóvenes.
Las generaciones X, Millennials y Z beben menos vino y priorizan la experiencia sensorial y el precio sobre el origen o el terroir. Esto exige nuevas estrategias: menos etiquetas elitistas, más conexión con el consumidor real.
Hoy, elegir un vino se asemeja a escoger un destino de viaje: importa el gusto propio, no la tradición. ¿Está la industria escuchando al nuevo consumidor? El caso chileno… lo dejamos para otra copa.