LLOCO —término ancestral que evoca comida, comunidad y memoria en la tradición chilota— se convirtió en un espacio colaborativo donde estudiantes, investigadores y sabidurías ancestrales dialogaron entre papas, algas, curantos y relatos migrantes.

Este proyecto fue posible gracias al compromiso de un equipo con profundo arraigo territorial: Freddy Nahuelquín Saldivia, ejecutor del proyecto; Silvana Arteche Sepúlveda, responsable de la investigación y textos; y Carla Bortolameolli Villavicencio, encargada de diseño, fotografía y edición. Un trío fundamental que tejió esta experiencia junto a estudiantes, docentes, cocineras, científicos y sabios del territorio.

Más que recetas, LLOCO preserva miradas, técnicas y memorias que resisten la homogeneización del sabor. Cada taller fue un laboratorio de saberes y afectos, donde cocinar también fue un acto político, pedagógico y poético. 

Porque en cada plato preparado con respeto, las raíces siguen latiendo. Y en cada lloco, se lleva un pedazo de historia viva.