Una mirada crítica a la generalización del alcohol como enemigo universal. En el relato global sobre salud pública, el alcohol ocupa un lugar sombrío. Las cifras son crudas: enfermedades crónicas, violencia, accidentes. Y la OMS —como entidad rectora— ha lanzado campañas tajantes: “No hay nivel seguro de consumo de alcohol.”
Pero aquí hay un problema que no podemos seguir ignorando:
No todo el alcohol es igual. Y, más aún: no todo consumo de alcohol representa un riesgo.
El vino, ese elixir que ha acompañado civilizaciones desde hace más de 6.000 años, ha sido metido —sin distinción ni matices— en el mismo saco que los licores destilados como el whisky, el ron, el vodka, el tequila, etc. Y eso, simplemente, no es justo.
El vino no es evasión: es cultura
El vino no se bebe para olvidar. Se bebe para compartir, acompañar, honrar, contemplar.
Desde la Grecia clásica, el vino ha sido parte del ritual humano de reunirse, celebrar, reflexionar. En cenas familiares, en brindis por la vida, en el silencio íntimo de una copa frente a un paisaje.
Hablar de vino es hablar de territorio, de oficio, de identidad.
¿Es el vino un riesgo? Como todo en exceso: sí. Pero cuando hablamos de consumo moderado (2 copa diaria, con comida, dentro de un estilo de vida equilibrado), los beneficios están documentados:
Mejora cardiovascular
Efecto antioxidante
Reducción del estrés oxidativo
Valor nutricional de sus polifenoles (como el resveratrol)
Numerosos estudios, incluidos aquellos surgidos de la llamada “paradoja francesa”, han reforzado el rol positivo del vino tinto en la salud metabólica y cardiovascular.
Entonces, ¿por qué la OMS no lo distingue?
La respuesta es política, no médica
La OMS actúa bajo un principio de precaución extrema: busca reducir riesgos en la población masiva, donde el exceso es común y el contexto se pierde.
Pero esa lógica no distingue entre:
Una copa de Carménère con risotto,
Y cuatro ron-colas en una fiesta sin control.
Epidemiología no es cultura. Y cuando se mezclan, el resultado es una política ciega que condena a todos por igual.
Europa: una visión diferente y con argumentos
En Europa, desde el año 2011 se vienen desarrollando instancias clave para concientizar al mundo sobre los cambios necesarios tanto en materia de salud como de sostenibilidad. En este camino, el español Miguel A. Torres se ha consolidado como un referente fundamental. Fue ponente en el “Climate Change & Wine Conference” (España, 2011), donde médicos, enólogos y científicos destacaron los efectos positivos del consumo moderado de vino. Además, lidera el programa Torres & Earth y es cofundador de la red International Wineries for Climate Action, que impulsa una vitivinicultura con visión saludable y ambientalmente responsable.
Lo que no debemos permitir
Como sociedad, no podemos permitir que una mirada uniforme borre la historia, el arte y la identidad que representa el vino. Porque no es solo una bebida: es una herencia viva. Y Chile —como tantas naciones vitivinícolas— tiene la responsabilidad de defenderla con argumentos y respeto.
El vino no debería pagar culpas que no le corresponden.