El mismo documento revela que la mediana de espera quirúrgica aumentó de 289 días en 2023 a 294 días en 2024, lo que significa que miles de pacientes deben aguardar cerca de 10 meses para acceder a una operación. Es más, en el primer trimestre de 2025 se suspendieron 7.791 cirugías, y un 85 % de esas suspensiones se debió a errores administrativos, falta de infraestructura, equipo quirúrgico insuficiente o fallas en unidades de apoyo clínico y logístico.Estos datos son reveladores, por cuanto el desafío de la salud pública no solo está en la falta de especialistas, sino también en cómo gestionamos recursos, tiempos, insumos y procesos. Una cirugía cardíaca no depende únicamente del talento médico, ya que también requiere de una cadena logística impecable. Desde la disponibilidad de un quirófano, de instrumentos y su esterilización, el traslado oportuno de dispositivos médicos y la coordinación de equipos, hasta la planificación de camas críticas en unidades de recuperación.

Cuando esa cadena se rompe, la consecuencia inmediata es la suspensión o el retraso de operaciones, con todo el impacto humano que eso conlleva; desde pacientes que siguen esperando, hasta familias que viven en incertidumbre y sistemas que se tensionan aún más.

En el Mes del Corazón, debemos ampliar la mirada. Hablar de prevención y estilos de vida saludables es fundamental, pero también lo es abordar la logística como un factor crítico de salud. Incorporar sistemas de trazabilidad de insumos, plataformas digitales de gestión hospitalaria, y soluciones de planificación apoyadas en inteligencia de datos puede marcar la diferencia entre operar a tiempo o seguir engrosando las listas de espera.

Las más de 14.700 personas que esperan una cirugía cardiovascular no son números: son historias, familias y vidas en pausa. Para reducir esa espera, debemos reconocer que la logística no es un asunto administrativo secundario, sino el latido invisible que sostiene a nuestro sistema de salud.