¿Qué lugar ocupa una región cuando sus habitantes valoran vivir en ella, pero consideran que sus hijos deben irse para avanzar? La pregunta atraviesa los resultados de la encuesta de Cadem para Esto es Chile, difundidos por La Tercera, y abre una discusión sobre la relación entre O’Higgins y Santiago.
El 72% de los consultados declara mucho o bastante orgullo regional. Los referentes cambian según la provincia: El Teniente destaca en Cachapoal, el vino en Colchagua y las playas y el surf en Cardenal Caro. El paisaje, las tradiciones y la gastronomía también reciben valoraciones positivas.
Son atributos que permiten pensar el territorio desde lo que ofrece y desde lo que puede construir. Una región necesita reconocerse en sus actividades, sus comunidades y sus proyectos. Cuando su horizonte se define principalmente en relación con la capital, queda pendiente una pregunta fundamental: cuánto espacio tiene para decidir su propio desarrollo.
El peso de las decisiones tomadas en Santiago
El 61% considera muy problemática la concentración de poder, recursos y decisiones en Santiago. Entre los efectos mencionados están la falta de consideración de la realidad local, las menores oportunidades laborales para jóvenes y la migración de talento hacia la capital.
Desde una mirada editorial, dejar atrás la condición de “patio trasero” supone algo más profundo que mejorar la imagen de una región. Significa discutir dónde se toman las decisiones, cómo se establecen las prioridades y qué posibilidades tienen las comunidades de participar en ellas.
También exige mirar el desarrollo desde la vida cotidiana. La cercanía geográfica con Santiago no resuelve por sí sola la necesidad de estudiar, trabajar y proyectarse en el lugar donde se vive. El acceso a oportunidades locales es parte de lo que permite construir autonomía regional.
Un territorio donde quedarse pueda ser una opción
La encuesta muestra ese contraste: el 92% recomendaría permanecer en O’Higgins para formar una familia, mientras el 72% aconsejaría trasladarse a Santiago para estudiar y el 53% para trabajar. El sondeo recogió 800 respuestas online de adultos, mediante muestreo no probabilístico con cuotas.
La lectura que surge de estos antecedentes es clara: valorar un territorio y encontrar oportunidades en él deberían poder ir de la mano.
El desafío de O’Higgins consiste en convertir sus fortalezas en posibilidades concretas para quienes quieren quedarse. Que partir sea una elección personal y que permanecer permita desarrollar un proyecto de vida completo. Allí se juega el sentido de dejar de ser el patio trasero de Santiago.
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