Con la presencia del rector de la Universidad de Talca, Arcadio Cerda Urrutia, y de destacadas personalidades vinculadas con la educación y el desarrollo de la Región de O’Higgins, se realizó el jueves 9 de julio, en el Salón Aquelarre del Hotel Santa Cruz Plaza, el lanzamiento del libro “La escuela ha muerto ¡Viva la Escuela! Desafíos para un futuro común: la mirada de un director”, del profesor Miguel Rivera Alvarado.
En la actividad participaron también Carlos Cardoen Cornejo, presidente de Fundación Cardoen; Pilar Jorquera; Patricio Gómez Arismendi, director del Campus Colchagua de la Universidad de Talca; además de autoridades regionales, representantes del mundo académico, educadores e invitados especiales.
La jornada permitió abrir una conversación en torno a los cambios experimentados por la educación, las limitaciones del modelo escolar tradicional y la necesidad de construir una escuela más abierta, participativa y conectada con las comunidades.
Una mirada nacida desde la experiencia educativa
Miguel Rivera Alvarado es profesor de Historia y Geografía y director del Liceo Bicentenario Víctor Jara de Peralillo. Desde esa experiencia cotidiana, marcada por la gestión educacional y el trabajo con estudiantes, docentes, familias e instituciones locales, desarrolló una obra que propone repensar el sentido de la escuela en el siglo XXI.
Publicado por Ediciones Instinto, el libro plantea que la escuela tradicional, centrada principalmente en la transmisión de conocimientos, ha ido perdiendo vigencia frente a las profundas transformaciones sociales, culturales y tecnológicas de las últimas décadas.
El título de la obra no anuncia la desaparición de la escuela. Por el contrario, representa una invitación a superar un modelo agotado y avanzar hacia una institución renovada, capaz de escuchar a sus estudiantes, fortalecer el trabajo de los docentes y establecer una relación permanente con las familias y su entorno.
Las reflexiones adquirieron especial fuerza durante la pandemia, cuando el cierre de los establecimientos y la implementación de clases a distancia obligaron a preguntarse por el verdadero valor de la escuela. La experiencia evidenció que su importancia no se limita a entregar contenidos, sino que también constituye un espacio de encuentro, protección, convivencia, bienestar emocional y construcción del tejido social.
Una escuela abierta a la comunidad
Uno de los conceptos centrales desarrollados por Miguel Rivera es el de una escuela abierta y comunitaria, vinculada de manera efectiva con las organizaciones, instituciones y personas que forman parte de su entorno.
Desde esta perspectiva, la comunidad educativa no debe permanecer encerrada dentro de los límites físicos del establecimiento. Su labor debe relacionarse con juntas de vecinos, organizaciones sociales, instituciones públicas, universidades, empresas, clubes deportivos y otros actores capaces de contribuir al proceso formativo de niños y jóvenes.
La obra también aborda interrogantes fundamentales: ¿de qué hablamos cuando hablamos de escuela?, ¿qué significa construir una escuela abierta?, ¿cómo se entrega un mayor protagonismo a los estudiantes? y ¿de qué manera la educación puede contribuir a una sociedad más justa y colaborativa?
Las respuestas no se presentan únicamente desde la teoría. El autor escribe desde la experiencia de dirigir un establecimiento público de una comuna urbano-rural de Colchagua, enfrentando sus dificultades y descubriendo, al mismo tiempo, las posibilidades que surgen cuando la escuela recupera la confianza y la participación de su comunidad.
Del Campus Colchagua al debate nacional
La presencia del rector de la Universidad de Talca, Arcadio Cerda, y del director del Campus Colchagua, Patricio Gómez, reforzó el vínculo entre la educación pública, la formación superior y los desafíos que enfrentan las comunidades de la zona.
El encuentro realizado en Santa Cruz permitió situar esta reflexión dentro de la realidad de Colchagua, lugar desde el cual Miguel Rivera ha desarrollado parte importante de su trayectoria y de las experiencias que sustentan el libro.
La presentación se suma al lanzamiento efectuado el 18 de mayo en la Casa Central de la Universidad de Chile, en Santiago. En aquella oportunidad, la obra fue presentada como un manifiesto pedagógico esperanzador, orientado a promover una escuela más participativa, abierta y consciente de su responsabilidad social.
La actividad desarrollada en la Universidad de Chile contó con la participación de la entonces rectora Rosa Devés; Juan Pablo Valenzuela, director del Centro de Investigación Avanzada en Educación; Francisca Corbalán, investigadora del Instituto de Estudios Avanzados en Educación y del CIAE; y Karen Mariángel, académica del Departamento de Estudios Pedagógicos. La conversación fue moderada por la periodista Rocío Montes.
De esta manera, una reflexión surgida desde la experiencia educativa de Peralillo ha comenzado a proyectarse hacia universidades, comunidades académicas y distintos espacios de discusión nacional.
Una experiencia reconocida internacionalmente
La presentación del libro adquiere todavía mayor relevancia al considerar el trabajo desarrollado por Miguel Rivera al frente del Liceo Bicentenario Víctor Jara.
En mayo pasado, Revista Gentes informó que el establecimiento de Peralillo fue reconocido entre las 50 escuelas más innovadoras del mundo, en la categoría Ciudadanía Global, destacando su modelo educativo y su capacidad para establecer vínculos con la comunidad.
Este antecedente entrega un sustento concreto a las ideas planteadas en “La escuela ha muerto ¡Viva la Escuela!”. La obra no surge solamente como una crítica al sistema educacional, sino también desde una experiencia que busca recuperar el papel de la escuela como espacio de participación, integración y transformación social.
Más que anunciar el final de una institución, Miguel Rivera propone recuperar su sentido: dejar atrás la escuela que únicamente transmite contenidos para dar paso a una escuela viva, abierta y capaz de construir, junto con su comunidad, nuevas oportunidades para las generaciones futuras.