Cuesta encontrar palabras suficientes para despedir a una persona de su talla. Un tremendo empresario, corralero apasionado, padre, amigo leal, hombre cercano, generoso y de esos seres humanos que dejan huella en cada lugar donde estuvieron.

Chicho fue, sin duda, un amigo de los amigos. Una persona buena, noble, alegre y entrañable, de esas que la vida nos regala y que permanecen para siempre en la memoria y en el corazón.

Desde la distancia, envío un abrazo grande y sincero a toda su familia, a sus amigos y a quienes tuvieron el privilegio de conocerlo y compartir con él.

Estoy seguro de que Dios ya lo tiene en su santo reino, donde descansará en paz, rodeado de luz y gratitud por todo lo que sembró en esta vida.

Hasta siempre, querido Chicho Pons. Tu recuerdo seguirá vivo entre quienes te quisimos y admiramos.