La crisis internacional del vino tiene una expresión concreta en Chile: menos terrenos destinados a producir uva vinífera. Según informó BioBioChile, sobre la base de cifras del Servicio Agrícola y Ganadero publicadas por El Mercurio, la superficie pasó de poco más de 136 mil hectáreas en 2019 a 110.768 en 2025.

El último año registró una disminución del 5,3%, con 6.193,9 hectáreas arrancadas, de las cuales más de 5.800 correspondían a variedades tintas.

Una industria que ajusta su tamaño

Claudio Cilvetti, gerente general de Vinos de Chile, atribuyó el proceso a una demanda más limitada y advirtió que podría continuar. El corredor Luis Eduardo Solar señaló que los malos precios podrían profundizarlo.

Por su parte, Yerko Moreno, director del Centro de la Vid, planteó que recuperar la rentabilidad requeriría reducir la superficie a entre 85 mil y 90 mil hectáreas. Se trata de una evaluación del especialista, no de una meta oficial.

Estas perspectivas plantean una discusión sobre el tamaño que puede sostener la industria. Desde una lectura económica, reducir plantaciones puede ayudar a ajustar la oferta, pero también obliga a preguntarse cómo conservar la capacidad de competir y qué alternativas tendrán los productores.

Adaptarse a un consumidor que cambia

En paralelo, Chile incorporó la categoría de vino bajo alcohol, con una graduación mínima de 8,5°, en un contexto de menor consumo tradicional y creciente interés por la moderación.

El desafío que dejan estos antecedentes combina producción y comercialización. Ajustar hectáreas responde a la demanda actual; encontrar nuevas ocasiones de consumo y propuestas atractivas exige una mirada de futuro. Para el vino chileno, ambas tareas forman parte de la misma discusión.