Carmen Nº 747, Of. 91, Curicó – Chile
info@revistagentes.cl
+56 75 247 1437
+56 9 8769 2049

CARLOS CARDOEN CORNEJO: Chiloé, la cultura y los sueños que se hacen museo

CARLOS CARDOEN CORNEJO: Chiloé, la cultura y los sueños que se hacen museo

By: Luis Campos

A sus 80 años, Carlos Cardoen no detiene su andar. Ni el tiempo, ni los obstáculos, ni la mirada corta de algunos han sido capaces de frenar su voluntad férrea ni su fe absoluta en la cultura como motor de transformación. Visionario, industrial, coleccionista, mecenas y sembrador incansable, hoy lidera un nuevo proyecto en el sur del mundo: la construcción de un museo y hotel cultural en Chiloé, que abrirá sus puertas con motivo del bicentenario de la anexión del archipiélago al territorio nacional, en febrero de 2026.


“Esto no es solo un museo —dice—, es una oportunidad para poner en valor lo que somos. Chiloé es una joya que muchos chilenos aún no conocen, y con este proyecto queremos contar su historia, su leyenda, su fauna, su alma. No desde la nostalgia, sino desde la excelencia.”

Como en todos sus emprendimientos, Cardoen apuesta por una propuesta de primer nivel. Ha convocado a los mejores especialistas —nacionales e internacionales— para desarrollar una narrativa museográfica rigurosa, documentada y cautivadora. El objetivo: que el recorrido emocione a un niño y sorprenda a un erudito. Que el visitante, sin importar su origen, se lleve una experiencia que deje huella.

Consciente de la profundidad histórica del lugar, recuerda que Chiloé fue el último bastión español en América del Sur. Recién en 1826, una década después de la independencia de Chile, el territorio fue integrado mediante el Tratado de Tantauco, tras complejas campañas lideradas por Ramón Freire y el oficial francés Beauchef. “Esa historia —dice— debe contarse. Porque no se trata solo de fechas y nombres, sino de identidad y memoria. Y porque hablar de cultura también es hablar de soberanía.”

La idea no es nueva. Cardoen lleva más de 50 años como coleccionista, impulsando museos, rescatando patrimonio, creando polos turísticos cuando nadie creía en ellos. Lo hizo en Santa Cruz, cuando el con- cepto de turismo cultural era inexistente. Y lo vuelve a hacer en Chiloé, con la misma convicción de siempre: “En la vida hay dos tipos de personas —reflexiona—: los que dejan que las cosas pasen y los que hacen que las cosas pasen. Yo elegí lo segundo. Creí en mis sueños. Y me rodeé de gente que también se atrevió a creer.”

Asegura que ha logrado entusiasmar a la comunidad chilota. Que ya no es “el museo de Cardoen”, sino el museo de todos. “Cuando eso ocurre —afirma—, es porque el sueño ya dejó de ser solo tuyo. Y eso, para mí, es la victoria más grande.”

También hay espacio para la crítica. Le preocupa el rumbo de Chile. Siente que se están erosionando valores esenciales, que la cultura ha sido desplazada del debate pú- blico, y que se ha instalado una peligrosa combinación de ignorancia con arrogancia en la conducción política. “No se trata de quedarse anclado en el pasado —advierte—, pero avanzar no puede ser sinónimo de destruir. Hay que nivelar hacia arriba, no hacia abajo.”

Pese a ello, no pierde el entusiasmo. “Estoy cosechando cariño —dice con emoción—. He tenido la suerte de vivir rodeado de una familia hermosa, de amigos leales, de colegas y alumnos con los que hemos compartido camino. Siempre supe que uno cosecha lo que siembra. Y eso, hoy, me llena el alma.”

El museo en Chiloé no es el cierre de una historia: es la continuidad de una obra. Un legado vivo que honra lo mejor de nuestra identidad. Un acto de amor por Chile y por su gente.

“Cuando los sueños se abrazan con voluntad, terminan por volverse realidad”, manifiesta Carlos Cardoen Cornejo.


Síguenos:

Gentes Papel Digital