Advierten que la brecha digital que afecta a las personas mayores tiene un impacto en sus vidas

La académica de la Universidad Autónoma de Chile, Berta Sepúlveda, analiza cómo las personas mayores se ven afectadas por la digitalización de su entorno.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) proyecta, basado en el Censo 2017, que para el 2035, la mayoría de las regiones de Chile tendrá una proporción superior al 20% de personas mayores. En la Región del Maule se calcula de un 27,9%.
La etapa avanzada de envejecimiento poblacional, caracterizada por una baja fecundidad (por debajo de la tasa de reemplazo desde inicios de la década del 2000), baja mortalidad y sostenido aumento de esperanza de vida al nacer, imponen desafíos como la “brecha digital” a la que están sometidas las personas mayores, entendida como la diferencia en el acceso y uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), afectándolas también por sus diferentes niveles de ingreso, educación o ubicación geográfica.
Al respecto, la académica de la carrera Trabajo Social de la Universidad Autónoma de Chile, sede Talca, Berta Sepúlveda Gálvez, advirtió que la brecha digital de las personas mayores tiene un impacto en sus vidas, al ser las TIC medios que facilitan el acceso a la información, así como a diversos servicios (como salud) y la comunicación con personas o instituciones.
“Entre los principales efectos se encuentran el aislamiento social, ya que quedan relegados del contacto con sus familias y amistades, excluidos de una serie de actividades sociales y comunitarias, ajenos a valiosa información y servicios que ya operan de manera remota, limitando de este modo su posibilidad de mantenerse activos en los términos de nuestra forma de vida actual”, comentó la académica, quien subrayó que dada esta condición, las personas mayores también se ven limitadas o excluidas en temas significativos para su vida, como noticias, política contingente, salud, educación, cultura, finanzas, entre otros.

ENFRENTAR LA PROBLEMÁTICA
Se debe trabajar en la promoción del acceso a tecnologías de la información y comunicación, basado en la dotación de autonomía para la gestión de los requerimientos de las mismas personas mayores.
“A nivel internacional destacan experiencias de organizaciones no gubernamentales que han diseñado y dictado instancias de formación para personas mayores…La pandemia por Covid 19, si bien aceleró la digitalización de la vida cotidiana, dejó al descubierto la exclusión de sectores de la población, como las personas mayores de sectores rurales”, detalló.
Si bien Sepúlveda reconoce un esfuerzo estatal por crear programas de inclusión digital para personas mayores, señaló que es necesario robustecer la oferta, desde la articulación de diversos sectores de la sociedad, como Estado, sociedad civil, organizaciones no gubernamentales, empresas y otros.
“No se trata de hacer las cosas por ellos, sino de facilitar sus aprendizajes significativos a su ritmo, ya que la modernización del Estado y de sus servicios avanza rápidamente…La hospitalidad digital es una apuesta ética basada en el respecto a la diversidad y los derechos humanos”, indicó.
A juicio de la académica, el abordaje de la brecha digital con personas mayores es, por tanto, una obligación ética intergeneracional e interdisciplinar, que se construye en torno a la comprensión del permanente desafío de traducción, respecto de los lenguajes presentes en los contextos tecnológicos y de virtualidad de las relaciones.

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